Popeye: El marinero que puso a comer verduras a todo el planeta

El primer caso de contenido de marca (Branded Content) dirigido a los niños

Popeye

Corría el año de 1929 y la Gran Depresión económica se cernía sobre los hombros del mundo. Empezaba la crisis económica más larga de la que tenga recuerdo la humanidad en la historia reciente. El comercio internacional caía estrepitosamente hasta en un 66% y el desempleo a nivel mundial se desbocó. Buena parte del planeta aguantaba hambre. El panorama era desastroso y no se veían salidas cercanas. Hacían falta héroes, no importaba su origen o imagen y esta es la historia de uno de ellos, la de Popeye el marino. Tal vez el primer caso de contenido de marca (Branded Content) dirigido a los niños y que ayudó a sacar a flote la moral del mundo comiendo espinacas.

Curiosidad: El nombre de Popeye es el resultado de la combinación de Pop-Eye: del inglés, ojo saltón. Debido a su fisionomía.

Popeye antes de ser el héroe fue un segundón

Este es el casting original de la serie. Crédito de la foto: International Hero

Bien, la historia comienza así: En 1919, el historietista* Elzie Crisler Segar dio vida a una tira cómica llamada Thimble Theater, la cual era publicada por el The New York Evening Journal y que originalmente contaba como protagonistas  a Olivia Olivo a su hermano Castor Olivo y al novio original de la querida “flaquita”, Ham Gravy.

Nuestro conocido y querido marinero Popeye, entraría al reparto de la historieta diez años después y sería una contratación hecha por los personajes Castor y Ham, quienes iniciarían la búsqueda de una gallina mágica, para lo cual necesitaban los servicios de un piloto que comandara a su embarcación. Pues bien, durante el viaje de regreso, Popeye es herido y recibe los poderes de la gallina debido a los cuidados procurados por el marino. Este es a groso modo el derrotero que marcó el inicio de nuestro personaje en el mundo impreso.

Con el paso del tiempo, la personalidad de Popeye comenzó a recibir rasgos heroicos y terminó siendo, según la historia de los comics, como el precursor de esta línea de superhéroes. Hasta este momento, no hay mucho que destacar más allá de su acenso en el desarrollo de la historia.

*Precursores de los dibujantes de comic y encargados de hacer las tiras cómicas en los diarios.

Ahora bien, la suma de singularidades y eventos dentro de la Gran Depresión cambiaron el camino de nuestro marinero, veamos.

Popeye contratado para aumentar las ventas

Como habíamos dicho, la situación económica del mundo para esos días no era sencilla, era peor que mala y las empresas perdían cada vez más enganche, las posibilidades de realizar publicidad que impactara o el mercadeo se hacían casi imposibles. El asunto era más difícil que de costumbre y como siempre, la creatividad fue la que salió al rescate de muchos. Hacer más con lo menos y empezar a caminar hacia lugares donde otros no habían explorado fue el principio de muchas formas de venta que hoy conocemos.

El dato: Para la época, la publicidad se daba básicamente por radio y en prensa escrita. Los tradicionales vendedores de maletín eran la fuerza principal de las compañías y para productos como los vegetales, competir contra alimentos enlatados o de mayor duración, era bastante difícil.

Pues bien, la Cámara de Productores de Espinacas de Estados Unidos decidió usar como vehículo un instrumento que hasta ese entonces no se había utilizado: las tiras cómicas. La historia de este episodio no es muy clara, no se sabe con claridad si fue la Cámara la que encargó la creación de nuestro marinero Popeye, o simplemente al ver el potencial del personaje, decidieron darle un impulso para que tomara vuelo y diera comienzo al primer ejemplo diferencial de contenido de marca (Branded Content) reconocido a nivel mundial y dirigido a un nicho específico, el infantil. Los especialistas tienden a sostener que fue el segundo caso, ya que en sus inicios, Popeye no comía vegetales.

El resultado, sea cual haya sido la forma en la que se escogió a Popeye, pues todos lo conocemos: Un personaje de tira cómica que luego se transformó en dibujo animado y película, que puso a comer espinacas a una población que estaba ávida de alimentos con hierro.

La suerte también ayudó a la espinaca

Entonces retomamos el panorama económico del mundo, en especial el de Estados Unidos. 1930, el desempleo y la depresión mandaban. La señora de la casa era el hambre y los índices de desnutrición iban en aumento. Los pobladores de las grandes ciudades lograban conseguir algo de carne para sus familias, pero en las pequeñas, el suministro era menor. La gente del campo se las apañaba mejor, pero el Gobierno necesitaba redistribuir de mejor manera lo poco que se lograba producir.

En estas épocas de escasez hay alimentos que suelen ser esenciales. La leche, la carne y los huevos, junto con el pan, lentejas o fríjoles, son los estandartes de la nutrición para evitar que la desnutrición avance y para que la anemia no cobre víctimas.

Los vegetales y las verduras, al requerir cuidados especiales para su producción masiva resultan ser los productos más afectados. A menos que un estudio los ponga al nivel de la carne.

Este fue el otro giro que le salvó el pellejo a los cultivadores de espinacas. Resulta que un estudio hecho por un doctor alemán llamado Von Wolff en 1870, sostenía que por cada 100 gramos del vegetal, 30 gramos, contenían hierro. El estudio, un fiasco, pero el resultado fue que en el periodo entre guerras mostró un aumento del 33% de venta, por lo tanto de consumo de espinaca. De esta anécdota no se sabe tampoco muy bien, si fue patrocinada, y los que saben dicen que fue la suerte la que ayudó al gremio.

Sin embargo, y es conveniente aclararlo, la espinaca es fuente de hierro, pero en muy pocas proporciones frente a la obtenida de la lenteja o el frijol. En su momento, cuando se supo la verdad del “error”, los nutricionistas llegaron a decir con sorna que a Popeye le hubiera convenido mejor comerse las latas para mejorar sus niveles de hierro.

Resultados colaterales

Puede que la espinaca no contenga los niveles de hierro que decía el estudio del doctor Von Wolff, pero el impacto que logró a nivel comercial resultó en beneficio masivo. La popularización del consumo de espinaca se extendió a otras legumbres y vegetales al tiempo que le permitía a un sector afectado por la depresión salir adelante.

Gracias a la masificación de la tira cómica, la serie de dibujos animados de Popeye fue iniciada por Max Fleischer Studios en 1933 y luego fue continuada por Paramount Studios. En los próximos 40 años, los espectadores asistieron a más de 600 espectáculos de Popeye. Esto, desde la perspectiva sociológica se llama impacto cultural.

La cultura cambió gracias a Popeye

Podemos decir con seguridad que los dibujos animados de Popeye y sus personajes son parte de la cultura popular ¿Por qué? Bueno, la caricatura de Popeye se hizo originalmente para el sindicato de impresión, King Features. Sin embargo, finalmente fue recogido para una caricatura animada producida por Fleischer Studios hasta fines de la década de 1950. Además, los personajes de Popeye como Olivia, Sweet Pea y Brutus fueron adaptados para la radio en la década de 1930.

También se produjo una película en 1980 protagonizada por Robin Williams como Popeye the Sailor Man y Shelley Duvall como su querida, Olivia. Esta película se rodó en Malta y actualmente la ciudad es parte de una atracción turística.

Popeye Village o Sweethaven Village es un grupo de edificios rústicos que se pueden encontrar en Anchor Bay, en la isla de Malta. Fue construido originalmente en 1979 en un lapso de siete meses y todavía está abierto al público con un museo al aire libre y un complejo de entretenimiento familiar.

El icónico Popeye incluso ha dejado su huella en la industria del juego. Nintendo creó el primer juego de Popeye Game & Watch en 1981 y el juego también presenta a Olive Oyl y Brutus en él:

También hubo un juego de arcade  producido por Nintendo que salió en 1982 y cuenta con muchos más personajes de Popeye como Sea Hag, Wimpy y Sweet Pea. Esto pavimentó el camino para más juegos de Popeye, para el Famicon, Game Boy, Game Boy Advance y Super Famicon.

Además, usted no verá escasez de juguetes y mercancías de Popeye en tiendas minoristas de todo el mundo. Si se aventura a hacer una exploración en la red, encontrará la imagen de Popeye y otros de sus personajes en cepillos de dientes con espinacas.

Esto incluso se escindió en cadenas de restaurantes inspiradas en el marinero. Por ejemplo, la popular cadena de comida rápida, Popeye’s Chicken and Biscuits no lleva el nombre de los adorables personajes de Popeye, sino de un personaje de la película, The French Connection. Sin embargo, la cadena de restaurantes más tarde obtuvo una licencia para usar los personajes de Popeye con sus productos de restaurante para evitar confusiones. Si eres un fanático, quizás quieras visitar sus sucursales en Puerto Rico donde usan las imágenes de estos personajes de Popeye de forma extendida.

Popeye no fue el único que pudo prestar su imagen a un negocio de restaurantes. J Wellington Wimpy inspira la cadena de restaurantes Wimpy en Chicago en la década de 1930 en donde sus hamburguesas se llaman hamburguesas Wimpy, también una cadena internacional que cuenta con sucursales de Japón, Botswana, Arabia Saudita, los Países Bajos, Beirut y el Reino Unido, entre otros.

Credito de la imagen: King Features.

Popeye incluso ha respaldado un par de productos como Minute Maid, Quaker Oats y Dr. Pepper. El Servicio Postal de los Estados Unidos emitió estampillas conmemorativas de Popeye junto con otras 20 personalidades clásicas de historietas en 1995.

La cultura popular continúa cambiando con frecuencia y también es única en un lugar y período en el tiempo. Además, también puede significar cosas diferentes para otras personas. Ya sea antigua o nueva, siempre estará presente y probablemente asociemos un período de nuestra vida con un cierto conjunto de cultura.

Podrían ser los Beatles durante la década de 1960 o 1970. También podría ser la llegada del aire acondicionado en la década de 1980. Podría ser New Kids on the Block o Madonna en la década de 1990 y probablemente Backstreet Boys y Britney Spears durante la década de 2000.

Como adultos, podemos rascarnos la cabeza frente a lo que los jóvenes en este momento consideran la cultura popular, como Justine Bieber y Hannah Montana. Pero algo pasa con Popeye y es que pasan las décadas, ya casi cumple 100 años y todas las generaciones lo hemos conocido, lo conocen de hecho; ahora como figura vintage que cuenta un periodo histórico de la cultura pop y que narra formas de ver el mundo.

¿Qué nos queda del gran Popeye?

  1. Fue creado o inspirado por una imagen que es mundialmente querida: Un marinero. Esto le permitió convertirse en un ícono universal. Todas las culturas tienen marineros, hombres de mar o de aventuras. Las mejores ideas no siempre son las más enrevesadas, generalmente son las más sencillas las que triunfan.
  2. Surgió en un momento en el que la humanidad requería aliento e inspiración. Por lo tanto nos dice a grito entero, siempre hay que inspirar y alentar.
  3. Una de las más importantes, puso a los niños a comer espinacas y se ha comprobado que de 10 infantes que ven Popeye, siete comerán con gusto sus verduras.
  4. La Cámara de Productores de Espinacas de Estados Unidos, como sea que haya tocado al personaje, logró un “Batacazo” imparable que salvó a miles de familias e impulsó una línea de investigación para mejorar las condiciones de siembra del producto.
  5. No importa las veces que usted vea Popeye, sus historias sencillas, entretenidas, de resolución predecible, si usted quiere, se posicionaron gracias a la fórmula del lenguaje común. ¿Cuántas ideas tiene usted a diario que le permitan desarrollar un producto de esta dimensión?

Finalmente les dejamos la inolvidable introducción de un dibujo animado que nos cuenta algo más que una mini historia entretenida, es la muestra de lo que somos capaces cuando las circunstancias no son las mejores y nos agarramos de la cuerda de la creatividad:


    Periodista e investigador económico de Bien Pensado. Historiador, escritor y autor de novelas (El Instalador-Manual de Levitación Magnética) y cuentos de ciencia ficción (Relojes que no marcan la misma hora) y género negro. Cofundador del movimiento literario Las Filigranas de Perder. Ha estado vinculado a distintos medios periodísticos, y cree profundamente que la historia de una sociedad se transforma reconstruyendo su imaginario a partir de nuevas propuestas narrativas.

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