Kiwy: Una plastilina hecha con la pasión de un secreto

La receta de una abuela que terminó desarrollando un producto ecológico al servicio de los niños.

Casi que como una aventura escrita por los Hermanos Grimm, la historia de Plastilina Kiwy pasa del secreto mejor guardado de una abuela hasta el recorrido de un matrimonio que vivió en su propia planta, hasta lograr un sueño que produjo plastilina ecológica con olor a fruta.

María Claudia Uribe Alzate, una de sus fundadoras y creadoras nos contó: “Nunca me imaginé que mi abuelita paterna Esneda, al entregarme una receta casera, que por casualidades de la vida se la dio una estadounidense, fuera llegar a ser el proyecto empresarial de su primera nieta”.

La Plastilina Ecológica Kiwy  es la única plastilina tipo dough o masa ecológica que existe en Latinoamérica, ya que es mucho más suave que la plastilina tradicional, no tóxica, no se pega, no mancha, tiene aroma a chicle, es elaborada con productos naturales 100% renovables y es biodegradable.

“Así fue como hace 9 años mi abuela me dio su bendición para emprender este maravilloso viaje con dos ollas y dos cucharas de teflón y con una contundente frase que me ha servido de apoyo e inspiración a través de estos años: “Resistir, persistir y nunca desistir”.

Lo invitamos a conocer este caso empresarial de éxito narrado por María Claudia Uribe Alzate, quien nos concedió una entrevista para contarnos la travesía que ha vivido en compañía de Andrés Zorro Guzmán, su esposo.

Diferentes tipos de presentación de plastilina ecológica.

Carlos Ayala (Bien Pensado):

¿Cómo nace la empresa, una empresa de plastilina, de dónde la idea?

María Claudia Uribe Alzate (Plastilila Kiwy):

Principalmente de las ganas de crear empresa y de no querer salir a buscar empleo. Yo me iba a graduar de administración de empresas en la Javeriana en Cali y tenía mi espíritu emprendedor desde muy pequeña. Yo era de esas niñas que hacía galletas para vender y sabía que salía de la universidad a montar empresa. ¿De qué? Pues tenía muchas ideas pero ninguna la desarrollaba.

Bueno, al tema de la plastilina llego en medio de esa búsqueda de qué empresa montar, de qué hacer. Estaba buscando un producto innovador y estando en el último semestre para graduarme de la universidad, en una Semana Santa, en mi casa de Cartago (Valle del Cauca) y estaba recogiendo el desorden de mis sobrinos, que por ese entonces estaban pequeños, cuando me encontré con un pedazo de plastilina de la misma que mi mamá nos hacía cuando nosotros estábamos niños y era una fórmula secreta que mi abuela paterna se la había regalado a mi mamá parque ella nos las hiciera y se las vendiera a las compañeras de estudio, porque ella estudió licenciatura en educación preescolar. A su vez a mi abuela se la había dado una estadounidense bajo el compromiso de secreto, porque ella, mi abuela, trabajaba como administradora de una escuela en Cali que le pertenecía a unos americanos.

Entonces mi abuela nunca hizo la plastilina, la guardó, luego se la dio a mi mamá y la condicionó de la misma manera, bajo secreto. Mi mamá la hacía de forma artesanal y hasta plata le ofrecieron por la fórmula, pero ella no, nada, que era de la familia.

En la búsqueda mía de mi empresa, pues mi mamá me la da y luego fue la búsqueda de la marca y ahí empecé a hacerla para venderla únicamente para jardines y colegios.

Carlos Ayala (Bien Pensado):

¿Cuánto tiempo lleva la empresa funcionando?

María Claudia Uribe Alzate (Plastilila Kiwy):

Hay como dos ciclos: Yo empecé hace 15 años cuando salí de la universidad. Duré dos años así, porque me di cuenta que era un negocio solo de temporada y compré una franquicia de recreación y eventos, con la que estuve cinco años. En ese tiempo yo hacía la plastilina para venderla en fiestas infantiles y para hacer talleres en los mismos eventos de recreación. Entonces yo tenía mi empresa de plastilina aliada con la de recreación. Bueno, entonces yo sabía que la empresa iba a crecer y me iba a dar resultados, pero no en ese momento.

Cuando yo conocí a mi actual esposo, Andrés Zorro, cuando fuimos novios, él había tenido una fábrica de plastilina en Bogotá del tipo horneable y tradicional; Por cosas de la vida yo ya le había hecho espionaje para saber cómo trabajaba y por ese entonces no le podía decir qué hacía. Y por cosas del destino, llegamos ambos con otros negocios a Pereira y que una amiga en común nos presentara. O sea, en ese momento ninguno de los dos tenía que ver con plastilina. Luego yo le recordé que yo ya lo conocía y pues ambos seguíamos con nuestros negocios, pero nos estaba yendo mal a ambos.

En ese momento apareció el proyecto Destapa Futuro de Bavaria para emprendedores y dijimos pues tenemos acá la idea de la plastilina, algo tengo yo avanzado, él tenía ya bastante experiencia en la parte comercial. Entonces nos asociamos para ese concurso y fuimos los felices ganadores de entre 13.000 propuestas, salimos seleccionados 60 negocios para recibir los apoyos y pues cada uno dejó los proyectos que teníamos y nos dedicamos a Kiwy. Entonces fueron dos momentos, primero artesanal y con el premio que nos ganamos, nos tecnificamos y ya llevamos nueve años en esta etapa.

Carlos Ayala (Bien Pensado):

¿Cuál fue su primer gran negocio?

María Claudia Uribe Alzate (Plastilila Kiwy):

Fue con Frisby, le vendimos 70.000 kits para acompañar el menú infantil. Fue muy bien negocio. Tuvimos que importar accesorios de China porque en esa época no teníamos moldes, ahora sí los fabricamos acá. Eso nos abrió muchas puertas.

Carlos Ayala (Bien Pensado):

¿Qué situación recuerda usted como el primer gran obstáculo?

María Claudia Uribe Alzate (Plastilila Kiwy):

No sé cómo contarlo… Bueno, con lo de Frisby nos descalabramos. Porque resulta que al importar, a pesar de que teníamos un colchón financiero, mejor dicho, nos salió más caro el caldo que los huevos; resulta que en el puerto de Buenaventura tocó ponerle etiquetas a los kits, eso no nos lo habían dicho desde China, en fin, hubo una mala información. El asunto fue que tocó meterle a los accesorios un sticker que dijera prohibido para menores de tres años y a nosotros nos habían dicho que esa mercancía se traía como plástico, pero cuando en la inspección abrieron en contenedor los encargados lo identificaron como juguetes, por lo tanto no nos daban en contenedor hasta que no pusiéramos esos stickers.

Eso nos tocó subir a un mundo de gente al contenedor para que le pusiera eso a 70.000 kits, de hecho eran más porque nosotros habíamos mandado traer de sobra, entonces el colchón financiero que teníamos se nos fue ahí, pagando. Claro, cuando ya llegó la plata de Frisby ya se debía, nos tocó empezar a pedir préstamos para pagarles a proveedores porque ya no teníamos con qué.

Digamos que con ese negocio se perdió financieramente pero se ganó en experiencia y en pericia, con ese negocio se nos abrieron muchas puertas, y de hecho nosotros les seguimos vendiendo plastilina pero de otra forma, para que ellos vendan en los parques. No se ha perdido el contacto de ellos y en cualquier momento pueden pedir una cantidad grande de nuestro producto.

Carlos Ayala (Bien Pensado):

¿Cómo superaron esa crisis, como salen de ese agujero?

María Claudia Uribe Alzate (Plastilila Kiwy):

Pues nosotros estuvimos mal, porque nosotros llevábamos tres años y no íbamos a alcanzar el punto de equilibrio y pues tener que pagarle a los bancos durante cinco años era difícil. Pero vea, en menos de cinco años pagamos todo porque empecé a hacer arreglos con las entidades para reestructurar las deudas y empezamos a hacer abonos grandes y así sacamos ese tema en menos de cinco años. Entonces hace más de un año y medio casi dos superamos ese tema.

Pero es porque mi esposo y yo hacemos muy buen equipo, entonces cuando uno se desanima el otro lo anima. Somos muy organizados, por ejemplo mi esposo acepta que yo sea la que maneja el dinero. Cuidamos mucho el dinero, y zapatero a tus zapatos.

Y pues ahora tenemos una planta en Cartago y le damos trabajo a cerca de 17 personas.

Accesorios para moldear la plastilina.

Carlos Ayala (Bien Pensado):

¿En qué se diferencia Kiwy con otras marcas de plastilina ecológica del mercado?

María Claudia Uribe Alzate (Plastilila Kiwy):

Somos únicos en Latinoamérica, por su puesto incluyendo Colombia. Nuestra formula es más natural, no tiene ningún químico perjudicial para los niños, ni que la vuelva sintética. Es una plastilina que no se endurece y se puede recuperar con gotas de aceite perfumado.

Carlos Ayala (Bien Pensado):

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que hicieron su primer gran negocio a su segundo gran negocio y cuál fue?

María Claudia Uribe Alzate (Plastilila Kiwy):

Pasaron dos años. Un negocio que hicimos bueno… Nos volvimos proveedores de Ronda y de Bota da Marisol, y ese negocio ha sido constante. Son unos clientes que nos hacen compras mensualmente.

Y… Hace ocho días, salió nuestra primera exportación para Bolivia. Se hizo con BubbleGummers y pues contentos, porque es la primera.

Carlos Ayala (Bien Pensado):

¿Qué recomendaciones le puede dar a un empresario que está empezando?

María Claudia Uribe Alzate (Plastilila Kiwy):

Jmm, pues… Vea el secreto, que no es secreto, de mi esposo y mío es insistir, persistir y nunca desistir. Hay que obviamente guerrearla, hay que pasar por las duras y las maduras, uno es el último en pagarse… A veces no va a haber ni para los gastos de uno mismo, pero yo pienso que llegan los frutos. En este momento estamos recibiendo frutos de tanto esfuerzo y tanto sacrificio, eso no llega de la noche a la mañana, esto es una pasión, nosotros con mi esposo somos apasionados por esto.

Vea de verdad, como que nos encontramos los dos plastilineros en la vida…

Carlos Ayala (Bien Pensado):

Déjenos recomendaciones puntuales desde su experiencia

María Claudia Uribe Alzate (Plastilila Kiwy):

Primero que todo, es creer… Cualquier idea se puede llevar a la realidad trabajando duro, no es más, hay que creer y ver la meta, esa es la clave.

El apoyo de la familia es fundamental. Las dos familias nos han soportado emocionalmente y económicamente.

Sacrificio: Vea yo no supe qué era tener un trabajo normal, a los 25 yo me mandé de empresaria, entonces al inicio de esto, yo no sabía que era una quincena, yo no tenía pago, y no me importaba.

Vea hay personas que no quieren perder por volverse emprendedor… Pero como yo no tenía esas comodidades y yo trataba de llevar la vida con lo que había, tenía el apoyo, pero sabía que había que sacrificarse y pues mi esposo es igual. Él también emprendedor, de pocos empleos formales, sabía que eso era así. Eso nos sirvió que no nos desestabilizamos, sabíamos que en algún momento llegaría recompensa. Al inicio, cuando montamos la fábrica, ahí mismo vivíamos, no teníamos empleados, éramos nosotros dos haciendo nuestra plastilina y nos daba orgullo contarlo. Sabíamos que algún día tendríamos una fábrica como se debe, y vea, hoy en día ya tenemos nuestros operarios.

Puestos de venta adecuados para que los niños puedan jugar con la plastilina

Lecciones de plastilina Kiwy

Una idea de negocio exitosa puede estar en su propia casa, en los rincones de sus muebles, en las gavetas de su inmobiliario.

Insistir, persistir y nunca desistir… Se ha dicho tantas veces y tan pocas se aplica que nunca sobra dejarlo como una lección aún por aprender.

Se aprende ganando, pero se atesora perdiendo. Un negocio que deja pérdidas es la mejor oportunidad para afinar su comportamiento empresarial.

Cuando se está empezando en el mundo empresarial hay que apuntarle a todo: Patrocinios, concursos y cualquier herramienta a la mano que pueda posicionar el negocio.

El sacrificio personal mientras se avanza y se crece suele resultar provechoso porque deja la experiencia, capacidad de ser resiliente ante las adversidades.


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    Periodista e investigador económico de Bien Pensado. Historiador, escritor y autor de novelas (El Instalador-Manual de Levitación Magnética) y cuentos de ciencia ficción (Relojes que no marcan la misma hora) y género negro. Cofundador del movimiento literario Las Filigranas de Perder. Ha estado vinculado a distintos medios periodísticos, y cree profundamente que la historia de una sociedad se transforma reconstruyendo su imaginario a partir de nuevas propuestas narrativas.

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